Javier Reina: “Bernardo Redín me rescató”

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El mediocampista caleño, quien cumple su primera temporada con el DIM, habló en extenso con De Grueso Calibre. “En Terrón Colorado está mi lado humano; el niño que jugaba al fútbol descalzo”, rebobinó.

Todo transcurrió como lo había soñado, salvo el resultado: 4 de febrero del 2006, el Pascual Guerrero ataviado de rojo y verde y la hinchada de los locales, coreando el apellido del joven de 16 años que deslumbraba con su zurda en las divisiones menores. “Inicié como titular. Hice un buen partido, pero perdimos 3-0, sin embargo, cuando llegué al barrio, me recibieron con caravana. Fue algo hermoso”, rememoró Javier Reina.

El barrio: Terrón Colorado, perteneciente a la Comuna 1 de Cali, abrigó a la joven promesa. Ese entorno complejo, también amenazó su carrera. Hoy con 31 años de edad (4 de enero de 1989), Javier Arley Reina Calvo, habla con el sosiego que le concede en trajinar por varias culturas, diferentes países, distintas Ligas. Capital en la zona de ideas del Independiente Medellín, junto a Andrés Ricaurte, sostiene que desestimó una opción de ir a un equipo importante de Argentina, porque desea que en el balompié nacional el técnico Carlos Queiroz lo vea y le brinde una oportunidad en la Selección Colombia.

Reina, ya sabe lo que es vestir la tricolor nacional. Hizo parte de procesos con la Sub-17 y la Sub-20. Su carrera la ha desarrollado en América de Cali; en los brasileros Cruzeiro, Vitória, Ipatinga, Ceará; en Corea del Sur jugó con Chunnam Dragons y Seongnam. Además, ha actuado en Olimpo de Argentina, Millonarios, Colo Colo de Chile, Deportivo Pasto y Once Caldas. Su madre trabajaba como secretaria de Ron Viejo de Caldas y su padre ejercía como técnico dental.

El barrio: Terrón Colorado: “Es difícil evitar el entorno y por la juventud, se cometen una serie de errores. Tuve que vivir muchas cosas para ser lo que soy en la actualidad. Siempre estaba expuesto al peligro en ese hermoso barrio, que tiene un clima envidiable. Me siento orgulloso de lo que soy en la actualidad. Pese a lo que se vive en mi barrio, fui muy feliz. Allá, el 80% son hinchas del América y cuando se dio ese paso de llegar al equipo, los mismos ‘parceros’ del barrio se encargaban de cuidarme”.

En su barrio está su lado humano: “Cuando mis abuelos llegaron, apenas había dos casas. Cuando voy a mi casa de crianza, recuerdo todos esos momentos, los sueños que tenía cuando me sentaba en la acera de la casa. Allá está el Javier Reina humano, el niño que jugaba al fútbol descalzo y soñaba con tantas cosas. Ahí me siento yo; esos recuerdos me hacen poner los pies sobre la tierra (…) Mi familia es grande, por parte de mi mamá. En la casa vivíamos cerca de 15 personas y en una habitación, dormíamos, mis papás y mi hermana y yo”.

La fama a temprana edad: “Muy joven me llegó la fama, apenas a los 16 años jugué con la Selección Colombia y empecé a saborear las cosas que ofrece el fútbol. Me dediqué a darle prioridad a otras cosas. Mi carrera estuvo en riesgo. Gracias a Dios, me encontré con Bernardo Redín en el América y él rescató mi carrera. Cuando él llegó a la dirección técnica del equipo, lo primero que hizo fue preguntar por ‘el Mono’ Reina. A mí me habían bajado a entrenar con la juvenil y él me volvió a dar la oportunidad. Me dijo, ‘si tiene mucho dinero en la cuenta, siga haciendo lo que está haciendo’. Y que si no era así, me dedicara a jugar al fútbol”.   

El fútbol brasilero: “Tenía claro qué era lo que quería. Cuando Cruzerio me compró, pasé a vivir un sueño y no quería dejar de vivirlo. Por eso, me esmeré por aprender todo lo bueno. Luego estuve en el Ceará, con el que fui campeón dos veces, me sentí en casa, fui feliz y los llevo en mi corazón”.

El jugador que más lo sorprendió en la cancha: “Víctor Danilo Pacheco, ‘Pachequito’, cuando compartíamos en América. Yo lo veía en la Selección y en Junior y pasé a tenerlo como compañero. Fue algo muy grande para mí”.

El gran capitán: “Disfruté mucho jugar con Millonarios. Compartí con el mejor capitán que he tenido a lo largo de mi carrera, Máyer Candelo. Tenemos muy buena amistad, nos queremos muchísimo. Le prendí muchísimo, dentro y fuera de la cancha. Máyer es uno de mis mejores amigos, al igual que Fernando Uribe, David Gómez y Macalister Silva. También admiro y respeto mucho a Mauricio Molina, quien me ayudó con mi adaptación en el fútbol coreano”.

Corea del Sur: “El primer año fue fatal, por la adaptación cultural y la barrera del idioma. Por eso le pedí a los coreanos que me prestaran de nuevo. Fue cuando me devolví a Brasil. Sin embargo, como he sido de retos, volví al fútbol de Corea, ya con la ventaja de saber qué me esperaba en mi día a día y me preparé mentalmente”.

El Pasto para tomar impulso: “Tomé esa experiencia como el funcionamiento de la flecha, que antes de ir a su destino, hay que impulsarla hacia atrás. Yo tenía la opción de volver a Millonarios, pero decidí jugar con el Pasto, porque quería vivir algo diferente”.

Medellín: “Tuve la opción de ir a un club muy grande en Argentina, pero me convenció el proyecto del ‘profe’ Bobadila; su mentalidad, su propósito… y porque tengo claro que puedo llegar a la Selección Colombia. siempre voy a tener esa esperanza y estoy trabajando para tener la oportunidad”.

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